Esta semana estuve en Colombia Startup 2014, uno de los principales eventos de emprendimiento en el país. Durante uno de los paneles, alguien citó esta frase de Samuel Beckett que me dejó pensando y que me llevó a escribir este artículo: “Intente. Falle. No importa. Intente otra vez. Falle otra vez. Falle mejor.”
Desde que volví a Colombia a finales de 2012, después de pasar 10 años por fuera del país, he estado trabajando en emprendimiento. Y uno de los obstáculos más grandes que he encontrado para los emprendedores en el país es la aversión y percepción negativa del fracaso dentro del proceso de emprendimiento.
En otros países, haberse quebrado (y haber vuelto al ruedo) es como una medalla de honor que un emprendedor lleva con orgullo. Pero acá todavía hay un estigma sobre el fracaso que debemos eliminar si queremos que la cultura emprendedora del país siga creciendo.
Y todo empieza con nosotros, los emprendedores. Tenemos que aceptar el fracaso como un elemento natural del proceso de creación de empresa. Lo importante es aprender a fracasar. Fallar mejor. Y esta ha sido una de las lecciones más valiosas que he aprendido desde que volví a Colombia.
Cuando decidimos dejar nuestras cómodas vidas en Londres para venir a Bogotá, lo hicimos para sacar adelante Hotel Trail, un negocio de análisis de satisfacción de la experiencia del huésped para hoteles que con mi esposa y mi hermano veníamos desarrollando desde hacía unos meses.
Después de invertir mucho tiempo, esfuerzo y dinero, llegamos a la conclusión que no íbamos a lograr los objetivos que nos habíamos propuesto y decidimos buscar otras oportunidades.
Fue muy difícil tomar esta decisión. Esto implicaba reconocer que nos equivocamos. Aceptar que ese modelo de negocio que conceptualmente era brillante (al menos para nosotros) y que había generado un buen nivel de interés, no iba a tener éxito en el plano comercial. Dejar de un lado el orgullo y dar el siguiente paso en nuestras vidas.
Hoy en día, creo que fue la mejor decisión que pudimos tomar. Hay lecciones valiosas que aprendimos y que si volviéramos a hacer todo otra vez seguramente nos llevarían por otro camino. Resalto dos de esas lecciones.
Primero, le daríamos mucha más importancia a las señales tempranas del mercado. Si teníamos grandes dificultades para lograr que un hotel utilizara nuestro servicio sin costo, ¿cómo esperábamos lograr que más adelante nos pagaran por hacerlo?
Y segundo, evitaríamos que la pasión, el orgullo y el apego a nuestra idea nos impidiera ser más objetivos en nuestras decisiones. Deberíamos haber cambiado de rumbo mucho antes.
Una vez acepté el fracaso, pude aprovechar muchas de las oportunidades que hasta el momento había ignorado por seguir posponiendo lo inevitable.
En mi caso, esta oportunidad fue la de finalmente permitirme hacer algo que siempre había querido hacer. Trabajar con emprendedores y ayudarles a sacar sus proyectos adelante. Eso es lo que hago hoy en día como Líder del programa de Descubrimiento de Negocios en Apps.co.
Para otros emprendedores, aceptar el fracaso fue sólo un paso más hacía el éxito. Ejemplos hay muchos. En este artículo encuentran algunos de ellos: http://www.businessinsider.com/successful-people-who-failed-at-first-2014-3?op=1
Algo que me alegra es ver como poco a poco estamos adoptando esta cultura del fracaso en nuestro medio. Cada vez oigo a más gente hablar sobre el fracaso en sus presentaciones. Eventos como Fuck Up Nights también están haciendo un gran aporte para cambiar este paradigma.
Dejemos entonces de tenerle miedo al fracaso. De rechazarlo. Más bien aceptémoslo. Aprovechémoslo. Aprendamos a fracasar.
Si queremos cambiar nuestra cultura, empecemos por cambiar nuestra mentalidad.
Fallemos mejor.